Cuando la gente va dispuesta a agredir y a manifestar su disconformismo, resulta incómodo que luego el equipo gané. El Estadio Monumental, el domingo, emitió su veredicto por la eliminación de River en la Copa Libertadores. Menos gente pero más ruidosa y elocuente con sus trapos. De todos los partidos que River tenía en las últimas dos semanas ganó el menos importante: el que jugaba contra Gimnasia y Esgrima La Plata. Ni contra Boca ni contra San Lorenzo dos veces.
De todos modos que River no pierda contra Gimnasia resultaba vital para su supervivencia. Le queda un objetivo menor y el desafío de ser un equipo confiable. River plantea preguntas y algunas pueden ser más difíciles de responder que otras:
¿Por qué el liderazgo de Simeone no se traslada al campo de juego?. Es parte del enigma central. Simeone grita, va, viene, gesticula, manda. Pero no delega. Su estilo no baja al campo. No hay quien corporice ese liderazgo. Tal vez no haya nadie para hacerlo. Tal vez él no quiera. Como sea, es una carencia.
¿Puede Ortega estar para jugar el domingo y no un jueves?. Puede. Dada su adicción conocida públicamente, su salud y su integridad pueden cambiar a diario. River como institución decidió cobijar el problema de alcoholismo que padece Ortega y eso tiene sus bemoles.
Con máiz, con palabras, con banderas, todos disparan contra River. A veces con suma crueldad. Nada nuevo: es la que le toca.





