José Luis Clerc como comentarista de ESPN podrá gustar más o menos, pero nadie puede negar que elegante y gentil al evaluar las acciones de la final que María Sharapova le ganó a Ana Ivanovic 7-5 y 6-3 para ganar su tercer título de Grand Slam. Fue un partido que resumió el modo femenino de jugar al tenis hoy, donde la menor cantidad de errores no forzados determinan quien gana. Atribuírle mucho de lo poco que hicieron en el partido, al nerviosismo que genera jugar una final de Grand Slam, también formó parte de la generosidad de Clerc en la madrugada del sábado… El tenis femenino ha hecho de la belleza de las jugadoras un valor en sí. Licuar casi definitivamente la pátina de reserva homosexual del deporte, ha sido también una manera de lavarle la cara a un tenis que era mirado con desconfianza, temor y una notable carga de prejuicio. Los cambios políticos del mundo, el derrumbe de los países socialistas, casualidad o no, hicieron el resto. La llegada de las rusas y las jugadoras del centro y el este de Europa modificaron el mapa y los recursos humanos del tenis femenino.Actualmente se venera el circuito femenino en virtud de las cualidades físicas que tengan sus jugadoras y no por su juego. Es casi en el único ámbito donde las lindas no están obligadas a mostrar un plus para evidenciar que tienen condiciones como sucede en cualquier otro trabajo.
Ser lindo puede ser una ventaja y también una contra. Al respecto recomiendo leer el libro Inteligencia Intuitiva ( en el original,Blink) de Malcolm Gladwell para entender como la buena presencia siempre juega a favor para conseguir un empleo o un descuento. Sin embargo, en ocasiones, el prejuicio lleva a pensar que el lindo debe redoblar su capacidad ante los otros para demostrar que tiene condiciones. María Sharapova y Ana Ivanovic son consideradas lindas de forma explícita. Ivanovic tiene ese andar que la hace parecer una chica friolenta recién salida de una pileta. Sharapova exhibe su delicadeza fría y distante. Para el marketing personal y el del tenis, las beneficia. Una de las mayores ventajas es que se anteponga esa condición (¿estamos diciendo por omisión que las demás, salvo excepciones, son todas feas?) al momento de evaluar su juego. De Justin Henin no hace falta destacar ningún aspecto extra tenístico y eso que su vida personal ha sido agitada y triste por demás: juega como los dioses y eso sobra.
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La final de Australia fue muy mal jugada. Sharapova e Ivanovic jugaron el tenis de siempre: sin plan maestro, con un estilo de arrebato. Tácticamente cometieron errores que no fueron producto de los nervios o de la presión, sino de un modo de concebir el tenis como juego. Sharapova no repara en retroceder cuando pega metida adentro de la cancha y la jugada la debe llevar a definir o defender el punto en la red. Ivanovic no tiene reparos en atacar de entrada sobre el drive en lugar de buscar por el revés, conseguir una buena posición y dominar. Debe haber videos disponibles de Steffi Graf y Gabriela Sabatini como para dotar al juego de mayores elementos.
Uno de los señalamientos a este tipo de descripciones, lejos de buscar ser crítico con el asunto, es ser tildado de antiguo o nostálgico. No me va. Me encantan estos tiempos. Simplemente el argumento apunta a que si el tenis femenino, su entorno y su prensa, sus sponsors y sus agentes, han establecido que la belleza es un valor per se, que las lindas dominan, pues bien, dejemos un margen para hablar del juego. Son tiempos donde todo deporte precisa un valor agregado, un magnetismo que genere mayor interés para que esa alternativa (en este caso, consumir tenis femenino) sea superadora de muchas otras con las que compite. Esa parte está: el peligro es dejar el núcleo de la cuestión, el juego, a la deriva. En esa dirección el tenis femenino precisa una refundación abarcadora.
En la próxima madrugada Jo-Wilfried Tsonga ,con su llamativo parecido con Muhammad Alí, jugará su primera final de Grand Slam contra Djokovic,el bromista por excelencia del circuito. Los dos presentan rasgos característicos, pero eso no los determina como tenistas. Apenas los describe como personajes. En el tenis femenino el detalle ha pasado a ser el contenido.
Finalmente, ¿quién se atreve a decir qué Martina Navratilova no era linda? De hecho, muchas mujeres homosexuales que la admiraron en silencio durante 20 años, podrían opinar lo contrario.


1 comentario hasta el momento ↓
1 juun // Ene 26, 2008 at 6:59 pm
no me quedó claro cuando leí la nota, por las dudas aclaro que no va a ser la primera final de grand slam de novak
saludos marcelo
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