Sabrina deja un comentario en el post ¿Que más decir? , en el que al final planteo que en algún punto todos sómos complices de la violencia en el fútbol. Y se pregunta si es una buena salida, al menos de momento, dejar de ir a la cancha y porqué permitir que la violencia maneje nuestro modo de vivir. Repensando un poco más mis ideas me doy cuenta que siendo poco amigo de las generalizaciones (”todos somos culpables…”, “todos somos responsables…”) he caído en una de ellas. Pero al mismo tiempo no dejo de percibir una contradicción entre los que dicen, ante un hecho violento, que hay que parar el fútbol….y lo dicen camino a la cancha (!). No puedo evitar notar que las declamaciones de lo que habría que hacer tienen una distancia abismal con los hechos.
Siguiendo la línea sugerida por Alabarces, donde lo que se presenta como excepción en realidad es lo normal, al menos es momento de revisar las palabras y los contenidos de las expresiones:
- Ya no hay inadaptados, sino que la adaptación nos corresponde a los que preferimos otro tipo de relación con el deporte como acontecimiento de masas.
- No es un tema de mayorías y minorías: obviamente los violentos son menos en número, pero son los que marcan el ritmo del fútbol en la Argentina. Han impuesto una dictadura del comportamiento donde para sobrevivir como espectadores, aunque no seamos violentos, debemos aparentarlo.
- Ya no se trata de adaptar los horarios del fùtbol a nuestro tiempo de esparcimiento, sino que la vida toda hay que acomodarla de acuerdo a los horarios del fùtbol.
- El fùtbol como entretenimiento y diversión de los espectadores ya no ocupa los tiempos de esparcimiento, sino horarios productivos de las personas o bien marginales dentro de las costumbres de una sociedad que aspira, en alguna parte, a vivir con cierta normalidad.
- Como fenómeno global pero con rasgos locales,hay serios indicios que para el Estado la violencia en el fútbol no es un tema prioritario más allá del funcionamiento formal de organismos e instituciones dedicados al tema.
- Las reacciones de quienes preferimos que el fùtbol fuera de otra manera tambièn tiene un patrón de conducta: cada medida que se adopta (quita de puntos, ausencia de hinchas visitantes) es tildada de insuficiente y condenada de antemano al fracaso. El fútbol termina siendo un remiendo donde ya nadie se acuerca cual es la norma vigente. Aún cuando los pasos sean tibios y de forma, decretamos que no van a funcionar antes de su aplicación.
- La complicidad no está dada por la decisión de involucrarse o no en los hechos violentos, sino por admitir como hábito y costumbre una manera de participar del fenómeno del fútbol
- Todos tenemos opiniones y ninguno los transforma en hechos. Repetimos lugares comunes sin pensarlo. Uno de ellos es: “Si dejamos de ir a la cancha, lo que demostramos es que ganaron los violentos…”.
Pregunto: ¿ Y ahora, cómo va el partido…?





