
El aumento de precios de las entradas populares del fútbol, de 15 a 24 pesos, no cambia la cuestión de fondo del fútbol como espectáculo: que no ofrece instalaciones ni servicios acordes a lo que un espectador debe recibir cuando abona la entrada para un entretenimiento. Ni el sufrimiento que implica acceder a un estadio, ni el cuidado ni la limpieza de los baños, ni la garantía de ocupar un lugar de con comodidad ni en el sintio indicado, valen 24, 15, 8 ó 5 pesos. En ese sentido el fútbol como espectáculo tiene en colisión dos opiniones que no consiguen ser fundamentadas, pero se repiten hasta la saturación:
- “Esa es la manera argentina de ir al fútbol, con pasión y aguante. El fútbol europeo, el de los negocios y de la gente TODA SENTADA es un fútbol frío que no tiene que ver con nuestra forma de ser”.
- “Al negocio de la televisión le conviene que las entradas sean caras, así la gente no va a la cancha y todos pagan el codificado y se quedan viéndolo en la casa porque a la AFA no le importan los estadios vacíos”.
Cuando sea posible superar esos dos razonamientos, se habrá avanzado. No hay modos argentinos de ir a la cancha o de ir al cine, o a un concierto de rock. Se va como personas o se va como animales. La suposición de que el negocio televisivo funciona sin gente en las canchas y con gente mirando la TV, en exclusiva, no tiene asidero. La gente, caro o barato, paga por la experiencia de ir al estadios. Los patrocinantes que compran segundos o publicidad en el estadio no desean un espectáculo sin gente ya que eso representa falta de interés o de importancia del acontecimiento.
24 pesos es caro porque ese es el nuevo precio por el maltrato.



