19 de Enero de 2008
El fallecimiento de Bobby Fischer sirve como excusa para reenviarlos a dos posteos que hice hace unos meses, cuando la muerte del ajedrecista sólo regía para su vida pública y no para su biología. Además, pueden leer esta columna de Ezequiel Fernández Moores reflotada en estas horas por La Nación.com.
Fischer ya no pertenecía a este mundo sencillamente porque los personajes de su estirpe no tienen espacio. Contestatario aún sin razón, rabioso porque sí, con posiciones políticas celebrables y denostables, Bobby Fischer actuaba por propia cuenta. Sin asesores, sin marketing, sin pactos de confidencialidad.
El mundo ya no es así. Para algunas cosas está bien, para otras mal. Como fue siempre.


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